Cada febrero, el tema de San Valentín suscita debate en las relaciones. Mientras algunos lo abrazan con entusiasmo, otros lo ven con indiferencia o incluso desagrado. La clave, según la psicología, no reside tanto en la celebración en sí, sino en lo que subyace a la decisión de la pareja. Una negativa repentina a celebrar, cuando antes era una tradición, podría ser un indicio de problemas subyacentes, mientras que una postura constante de no celebrarlo podría ser simplemente una preferencia. Este día, a menudo, actúa como un termómetro emocional que revela las dinámicas internas de la relación, las expectativas individuales y la forma en que se gestionan los afectos.
La psicóloga Lara Ferreiro distingue entre parejas "prácticas" y "románticas". Las primeras suelen rechazar el comercialismo de San Valentín, considerándolo una imposición, y prefieren expresar su amor de otras maneras. Las segundas, en cambio, valoran el 14 de febrero como una oportunidad simbólica para fortalecer su vínculo. El conflicto surge cuando estas visiones no coinciden. Para aquellos con un apego ansioso, la negativa de su pareja puede interpretarse como falta de interés, mientras que personas más evitativas pueden sentirse incómodas con la vulnerabilidad que implican estas celebraciones. Por ello, es crucial discernir si la decisión de no celebrar es coherente con la historia de la pareja o si representa un cambio significativo en el patrón de comportamiento.
Un cambio abrupto en los hábitos de celebración es una señal de alerta importante. Si una pareja acostumbrada a intercambiar regalos o tener gestos especiales de repente omite San Valentín, esto podría indicar un desgaste emocional más profundo. La euforia inicial del enamoramiento, que dura aproximadamente uno o dos años, cede paso a una fase de menor intensidad. Es normal que algunos gestos disminuyan, pero una interrupción total de las expresiones de afecto, como las celebraciones de cumpleaños, aniversarios o la intimidad, puede ser un reflejo de problemas en la relación. No obstante, es vital diferenciar entre falta de afecto y agotamiento, ya que factores como el estrés o las responsabilidades pueden mermar la energía para los rituales románticos.
Cuando uno de los miembros de la pareja desea celebrar y el otro no, es donde los problemas suelen intensificarse. La psicóloga Ferreiro señala que, en ocasiones, las celebraciones se dan por presión y las expectativas no cumplidas pueden llevar a reproches. El significado que cada persona otorga a San Valentín es fundamental: para algunos, simboliza el reconocimiento y la validación del amor, mientras que para otros puede ser una imposición o una exhibición innecesaria. El miedo a la intimidad, experiencias pasadas dolorosas o un conflicto de valores pueden influir en la reticencia a celebrar. La comunicación abierta y honesta sobre estas diferencias es esencial para evitar malentendidos y resentimientos.
Si la decepción tras San Valentín se ha instalado, es importante abordar la situación de manera constructiva. Evitar el sarcasmo o los reproches y, en su lugar, expresar las propias necesidades de forma clara y directa. Negociar alternativas, como celebrar en otra fecha o con un gesto más sencillo, puede ayudar a encontrar un punto medio. Si el conflicto es recurrente y la insatisfacción se cronifica, extendiéndose más allá de San Valentín, puede ser un indicio de problemas más serios en la relación. En tales casos, la terapia de pareja puede ofrecer un espacio seguro para explorar las dinámicas, mejorar la comunicación y, en última instancia, tomar decisiones saludables para ambos miembros, incluso si eso implica la ruptura.
Más allá de las dinámicas individuales, San Valentín es un fenómeno social y económico considerable. La presión social y las comparaciones con otras parejas pueden intensificar las expectativas y, por ende, las decepciones. Curiosamente, se observa un aumento en las rupturas después del 14 de febrero, ya que algunas parejas posponen la separación para evitarla en este día, o simplemente las expectativas no cumplidas amplifican los problemas existentes. Esta fecha, por tanto, no crea conflictos, sino que a menudo revela y acentúa las realidades ya presentes en las relaciones.