C￳mo fortalecer la confianza de tu hijo cuando se autodenomina "tonto"

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Cuando un niño se califica a sí mismo de "tonto", ya sea por un error en la tarea o una derrota en un juego, su expresión va más allá de la mera descripción de una situación. Esta frase, pronunciada a veces en voz baja o con enfado, refleja una percepción interna de sí mismo que merece atención. Los pequeños, en su etapa de desarrollo, no nacen con la creencia de ser menos capaces, sino que construyen su identidad a partir de sus vivencias y del entorno que los rodea. Si experimentan fallos repetidos, se comparan negativamente con otros, o sienten que no cumplen las expectativas de los adultos, pueden empezar a formarse ideas erróneas sobre su valía, como "si me equivoco, soy menos inteligente" o "si otros lo hacen mejor, yo no sirvo". En esta fase formativa, las palabras tienen un peso considerable, por lo que es fundamental no ignorar estas autocalificaciones.

Es esencial abordar estas situaciones con sensibilidad, evitando respuestas que, aunque bien intencionadas, puedan ser contraproducentes. Reacciones como "¡no digas tonterías!" o "eso no es cierto" invalidan la emoción del niño, haciéndole sentir incomprendido. Tampoco es útil minimizar su sentimiento con frases como "no exageres", ya que para él, en ese momento, su frustración es muy real. Cuando un niño se llama a sí mismo "tonto", en el fondo está comunicando frustración, dolor por el fallo, sentimiento de inferioridad, miedo a no ser suficiente o temor a defraudar. Por ello, el primer paso es conectar con esa emoción y validarla, diciendo algo como "veo que estás muy enfadado contigo mismo" o "parece que te dolió que no saliera como querías". Nombrar lo que siente le ayuda a comprenderse y reduce la intensidad emocional. Una vez reconocida la emoción, es crucial ayudarle a diferenciar el error de su identidad, enfatizando que "cometer errores es parte del aprendizaje" y que "su valor no disminuye por un fallo".

Además, es importante evitar etiquetas positivas excesivas, como "eres muy listo", ya que esto puede generar una dependencia de ese atributo y hacer que el fracaso resulte aún más devastador. En su lugar, es más saludable enfocarse en el esfuerzo, la estrategia y el proceso, valorando frases como "has trabajado mucho" o "no te ha salido a la primera, pero lo has intentado". Esto fomenta una autoestima más robusta y menos vulnerable a los tropiezos. Si tu hijo dice con frecuencia "soy tonto", es útil reflexionar si se compara mucho con otros, si teme equivocarse, si percibe expectativas demasiado altas o si hay situaciones en el colegio que le afectan. Aunque a veces sea una frustración puntual, otras puede ser una señal de inseguridad más profunda. Escuchar sin juzgar es primordial, y cambiar la forma en que miramos a nuestros hijos es fundamental, ya que ellos se construyen a través de nuestra mirada. Si encuentran en nosotros paciencia, confianza y seguridad, irán internalizando una imagen positiva de sí mismos, aprendiendo que los errores no los definen.

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