La subgobernadora del Banco de España, Soledad Núñez, ha instado a que la sostenibilidad se deje de considerar un impedimento para la competitividad de Europa, ya que, en realidad, la fortalecerá. Además, ha resaltado que la transición hacia energías limpias no es solo un imperativo ecológico, sino una estrategia fundamental para la seguridad tanto nacional como continental.
Aunque a corto plazo las políticas de transición puedan generar ciertos costos, a medio y largo plazo se revelan como una fuente de ventaja competitiva, señaló Núñez durante su participación en la Asamblea Anual de FINRESP (Centro de Finanzas Responsables y Sostenibles). Allí defendió la necesidad de avanzar hacia una economía baja en carbono y respetuosa con el medio ambiente. Esta perspectiva de la autoridad bancaria contrasta con las recientes decisiones de la Unión Europea que han flexibilizado las normativas climáticas y de protección de la biodiversidad, cediendo ante las presiones de sectores que argumentan que las regulaciones ambientales restan competitividad a las empresas.
La inacción conlleva riesgos crecientes. Una transición bien planificada, anticipada y con señales claras minimiza la incertidumbre y facilita una asignación eficiente del capital. Por el contrario, posponer la adaptación aumenta la probabilidad de ajustes drásticos y devaluaciones desordenadas. Asimismo, una reducción acelerada de la dependencia de combustibles fósiles importados disminuye la vulnerabilidad de empresas y hogares a la fluctuación de precios derivada de tensiones geopolíticas externas. Este camino es crucial para fortalecer las capacidades tecnológicas propias y consolidar la autonomía económica europea, aunque su implementación requiere una inversión masiva de capital. Los datos son contundentes: las pérdidas económicas anuales ligadas al clima han aumentado drásticamente, pasando de 8.000 millones en los años 80 a unos 45.000 millones en el período 2020-2024. España, particularmente expuesta a los efectos del cambio climático, enfrenta implicaciones directas en sectores vitales como la agricultura y el turismo.
Enfrentar estos desafíos con rigor técnico, proporcionalidad y colaboración internacional es indispensable para salvaguardar la competitividad europea, fortalecer nuestra independencia estratégica y asegurar la estabilidad financiera. El Banco de España, con su enfoque independiente y basado en evidencia, continuará contribuyendo a este objetivo, entendiendo que integrar la sostenibilidad en la gestión de riesgos no es una opción de imagen, sino una exigencia de prudencia. Nuestra misión no es dirigir la asignación sectorial del crédito, sino garantizar que los riesgos, incluidos los derivados del cambio climático, sean correctamente identificados, cuantificados y gestionados. En esta tarea, la cooperación global es fundamental, como demuestra la labor de la Network for Greening the Financial System, que agrupa a más de 140 bancos centrales y supervisores, y que ha expandido su análisis a los riesgos relacionados con la naturaleza y la biodiversidad, reconociendo el impacto sistémico de la degradación del capital natural.