Gemma Triay, la destacada figura del pádel global, se embarca en una nueva temporada con la ambición de conservar su posición como la jugadora número uno. Con una agenda repleta de más de 35 competiciones, Triay, conocida como "Gemmagnífica" por sus seguidores, compagina su intensa vida deportiva con su papel de embajadora para TELVA, una plataforma desde la que busca motivar a otras mujeres. Su enfoque se centra no solo en el triunfo competitivo, sino también en el disfrute del trayecto y en hallar un equilibrio vital que le permita desconectar y pasar tiempo de calidad con sus seres queridos, valores que subraya constantemente.
La deportista menorquina, nacida en 1992, es una figura icónica en el mundo del pádel. A pesar de su estatus de número uno, mantiene una sorprendente discreción fuera de la pista. Se le ha visto cargar con su equipo de pádel, pasando desapercibida para muchos, que no imaginan la trayectoria de la campeona que tienen delante. Su compromiso con TELVA se evidenció en la última edición de Premier Padel Barcelona Finals en diciembre de 2025, donde lució con orgullo una falda que marcaba el inicio de su colaboración.
Para el año 2026, Triay ha fijado un claro objetivo: revalidar el título de número uno. Para lograrlo, no escatima en entrenamientos. Su rutina comienza temprano, permitiéndole practicar antes de sus compromisos, y una vez finalizados, regresa directamente a la cancha. La temporada oficial de Premier Padel inicia en febrero, precedida por la Hexagon Cup, donde ha competido con el equipo de la Rafa Nadal Academy, capitaneado por Maribel Nadal, de la cual también es embajadora. Triay expresa su profundo orgullo por esta asociación, destacando la influencia de Rafa Nadal como modelo a seguir, no solo por sus logros deportivos, sino también por los valores de esfuerzo, respeto, humildad y dedicación que promueve.
Gemma Triay es reconocida por los especialistas por su excepcional fusión de potencia, visión estratégica y agilidad en la cancha, atributos que, combinados con su elegancia natural, la hacen inconfundible. En esta nueva etapa, y desmintiendo rumores de separación, compartirá pista con Delfi Brea por segundo año consecutivo. El dinamismo de las parejas en el pádel, como señala el artículo, a menudo genera tanto interés como los traspasos en el fútbol, añadiendo un elemento de drama al circuito profesional.
La presión inherente a la alta competición se ve amplificada por las redes sociales, un aspecto que Triay ha aprendido a manejar con serenidad. "He aprendido a relativizar", comenta, priorizando los comentarios constructivos y restando importancia a los demás, aunque reconoce que no siempre es sencillo. Sin embargo, también valora el afecto y el respaldo que recibe de sus seguidores. Reflexionando sobre su carrera, Triay menciona tres hitos cruciales: su primer ascenso al número uno en 2020, la victoria en el Master Final de 2022, y su regreso a la cima junto a Delfi Brea el año pasado tras dos años de arduo trabajo. Su meta para 2026 va más allá del número uno; busca mantener un alto nivel, disfrutar del proceso y conservar la pasión, aspirando a un crecimiento y mejora continuos.
Antes de cada partido, Triay sigue un ritual que incluye escuchar música, preparar su vendaje, conversar con su equipo y realizar ejercicios de movilidad y calentamiento. Este proceso le permite sentirse serena y concentrada. El calendario de 2026 se presenta como uno de los más exigentes de su trayectoria, con la previsión de participar en más de 35 torneos. Cuando no está inmersa en la competición, Triay prefiere relajarse con una buena cena y una charla tranquila con amigos, priorizando el equilibrio en su vida personal. Abrazar a los suyos es lo que más valora y lo que le permite recargar energías tras largas giras. Se describe a sí misma como más alegre y calmada fuera de la pista de lo que su intensidad en el juego podría sugerir. Para desconectar, se deleita con la gastronomía, la moda y el tiempo con sus allegados, buscando disfrutar al máximo de su limitado tiempo libre. Sobre la longevidad que se atribuye a los deportes de raqueta, bromea con la esperanza de que sea cierto, reconociendo el valor del deporte para la salud, la disciplina y el bienestar. La frustración es la emoción que más le cuesta gestionar, tanto dentro como fuera de la pista, dada su autoexigencia. En este sentido, resalta la importancia del apoyo psicológico, no solo para mejorar el rendimiento, sino también para manejar las emociones y los desafíos cotidianos de la vida.
A pesar de su popularidad global y la gran cantidad de seguidores, el pádel aún no es un deporte olímpico, a diferencia del tenis o el bádminton. Triay señala que para alcanzar ese estatus, el pádel necesita unificar sus estructuras y expandirse internacionalmente, describiendo la participación en unos Juegos Olímpicos como un sueño. Aunque dominado históricamente por jugadores españoles y argentinos, Triay observa una creciente internacionalización del deporte, con más países invirtiendo en él. El éxito del pádel, que ha trascendido el ámbito profesional, se atribuye a su accesibilidad, su naturaleza social y lo divertido que resulta, permitiendo a los principiantes disfrutar desde el primer momento, a diferencia del tenis, que puede ser más competitivo. Respecto a su futuro, Gemma Triay se visualiza ligada al deporte, que considera una parte esencial de su identidad. Le gustaría ser madre y vivir esa etapa con tranquilidad. A nivel profesional, le atrae la idea de continuar en el pádel desde otra perspectiva, quizás desarrollando un proyecto personal o una academia que le permita compartir sus valores y experiencia, siempre buscando una vida equilibrada y cercana a sus seres queridos.