La ciencia revela el sentido musical innato de los bebés: ritmo antes que melodía

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La fascinante conexión entre los bebés y la música ha sido objeto de una reciente investigación que revela cómo los pequeños procesan los sonidos desde una edad temprana. Este estudio destaca que, sorprendentemente, los bebés ya vienen al mundo con una capacidad innata para detectar el ritmo, lo que les permite reaccionar a los patrones sonoros mucho antes de comprender las complejidades de las melodías. Este descubrimiento subraya la profundidad de la interacción humana con la música y su evolución a lo largo del desarrollo infantil.

La investigación, publicada en la revista PLoS Biology, examinó la actividad cerebral de 49 recién nacidos mientras escuchaban distintas secuencias musicales. Los resultados indicaron una respuesta cerebral organizada y clara frente a cambios en el ritmo, sugiriendo que su cerebro percibe fácilmente las alteraciones rítmicas. No obstante, las variaciones melódicas generaron una respuesta menos evidente, lo que sugiere que la sensibilidad a la melodía no está completamente desarrollada al nacer. Este hallazgo diferencia la adquisición de estas dos habilidades musicales y cómo cada una se integra en el desarrollo neurológico de los infantes.

Este entendimiento de cómo los bebés “sienten” la música tiene importantes implicaciones para las familias y educadores. No es necesario insistir en la música clásica durante el embarazo para fomentar el talento musical; el sentido del ritmo es una habilidad biológica fundamental, mientras que la sensibilidad melódica se cultiva a través de la exposición cotidiana a canciones, nanas y juegos musicales. Actividades sencillas como cantarles, aplaudir al ritmo de una canción o escuchar música en el coche contribuyen naturalmente a su desarrollo musical. La música, más allá de ser un simple entretenimiento, actúa como una herramienta crucial para la estimulación infantil, influyendo en el lenguaje y la comprensión emocional a través del tono de voz y la entonación. Así, el cerebro musical de un niño no se forma de una vez, sino que evoluciona gradualmente, demostrando que cada movimiento o balbuceo al ritmo de una melodía no es casualidad, sino el reflejo de una profunda predisposición.

La interacción con la música en la infancia temprana es crucial para un desarrollo integral. Al fomentar un entorno rico en estímulos musicales, los adultos no solo cultivan el aprecio por el arte, sino que también apoyan el crecimiento cognitivo y emocional de los niños, preparándolos para un futuro donde la creatividad y la expresión jueguen un papel fundamental.

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